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Intervención de Pablo Herrero Hernández en el CC BlanquernaPablo Herrero Hernández, escritor y traductor

EN TORNO A LOS ARTÍCULOS DE JOSEP ALOMÀ PUBLICADOS EN EL DIARIO “SUR”

Reflexiones compartidas en la presentación de La Idea, negre sobre blanc. Articles de Josep Alomà (Arola Editors, Tarragona, 2012) celebrada en el Centro Cultural Blanquerna de Madrid”

 

Vaya por delante mi agradecimiento a Ramon Gras, autor de la antología de textos periodísticos de su abuelo materno, el dirigente anarcosindicalista Josep Alomà i Sanabras, por haber amablemente solicitado mi presencia e intervención en este acto, junto con ponentes de la talla de Julián Vadillo y de Heleno Saña.

            El motivo que justifica mi intervención, más allá de la amistad con que Ramon me honra, es mi dedicación —tan paralela a la suya en relación con su abuelo— a reconstruir la vida y la obra de mi abuelo materno, el periodista y escritor republicano Luis Hernández Alfonso (1901-1979), premios Cervantes y Zozaya de 1930, que tras colaborar en los años treinta en gran parte de las principales cabeceras periodísticas madrileñas de izquierdas, fue durante la contienda civil delegado de Prensa del Comisariado de Guerra del Ejército Popular de Andalucía en Jaén y posteriormente subdirector y director de «Sur», órgano portavoz del Comisariado de Guerra de dicho ejército, con sede en Baza (Granada). Desde 2005 consagro, en efecto, gran parte de mi tiempo libre y de mis energías a la reconstrucción de la trayectoria de mi abuelo y a la recuperación de su amplia obra escrita, tareas cuyos resultados voy publicando en la bitácora «Los Hernández» ( http://loshernandez.wordpress.com ).

            Desde hace unos quince años a esta parte, la generación de los nietos de quienes perdieron la Guerra, tras el silencio impuesto a nuestros abuelos y el que en muchos casos hubieron de autoimponerse nuestros padres, ha emprendido una importante y encomiable labor de reconstrucción de la memoria histórica familiar que va cristalizándose en libros, en tesis y en otras publicaciones, tanto en papel como digitales. Este fenómeno guarda cierto paralelismo con la igualmente relevante obra de reconstrucción de la memoria histórica local a cargo de eruditos que van desempolvando, con la ayuda del testimonio oral de los últimos testigos visuales supervivientes y mediante la investigación de archivos locales, los sucesos que caracterizaron en cada localidad el convulso período histórico que abarca, en términos generales, desde el inicio de la dictadura primorriverista hasta la primera posguerra civil.

            Unos y otros, en su gran mayoría investigadores ajenos al mundo de la historiografía científica y académica, van componiendo, mediante la aportación de sus datos, el inmenso puzle que conforma lo que podríamos llamar «la verdad» de la Guerra Civil, basándonos en el certero pensamiento del célebre historiador Fustel de Coulanges según el cual «sólo hay verdad en el detalle». Corresponderá a los historiadores profesionales, aplicando sus herramientas científicas, analizar los datos de este enorme acervo acumulativo para extraer de él las oportunas síntesis históricas.

            La localización de los siete artículos de Josep Alomà hallados por ahora en las páginas del diario «Sur» (pp. 153-162 del libro) es fruto y ejemplo al mismo tiempo de esta labor de colaboración y compenetración entre investigadores familiares de los protagonistas.

            Pero ¿cómo llegamos a «Sur»?

            Mi abuelo, con quien tuve la suerte de pasar casi todos los veranos de mi adolescencia, no hablaba prácticamente nunca ni de la Guerra ni de su participación en ella. Una de los poquísimas excepciones lo constituía un hecho que llevó siempre a gala: haber sido el director de la última cabecera republicana que cayó en manos franquistas. En efecto, una vez rendido Jaén, Baza, el último reducto del Ejército de Andalucía, cae entre el 30 y el 31 de marzo, en vísperas del glorioso 1 de abril. Luis Hernández Alfonso, cuya conciencia está libre de hecho alguno de sangre, y que —al igual que Josep Alomà i Sanabras— ha hecho lo posible por amparar y salvar a personas de bien del bando contrario, una vez evacuado el resto de la plantilla del periódico, se queda solo, en su despacho, esperando la llegada del enemigo. Ni por un instante considera la posibilidad del exilio al que tantos de sus antiguos correligionarios y amigos se han acogido o están a punto de acogerse. Quijote de su ideal en el sentido más noble que el inmortal personaje cervantino encarna, tiene la suerte de que las fuerzas que se incautan de los locales de «Sur» no lo fusilen in situ, como en tantos otros casos, sino que lo encarcelen en la Prisión de Partido bastetana, desde donde empezará —también como Josep Alomà—, tras una condena a muerte con la consabida y pintoresca imputación de «auxilio a la rebelión», conmutada después por varios años de cárcel, una larga peregrinación por prisiones franquistas (La Campana y Provincial de Granada).

            En 2005 este testimonio oral y directo de mi abuelo era el único dato de que disponía sobre la existencia de «Sur». Pero toda investigación me llevaba, inevitablemente, a la cabecera moderna del mismo nombre, diario —según creo— de la Costa del Sol. Ni rastro del diario editado en Baza durante la Guerra.

            El primer indicio que, por así decirlo, materializaba y daba cuerpo a la memoria familiar fue la lectura de un libro sobre marxismo y anarcosindicalismo en la Granada leal, publicado en 1998 por un catedrático de la universidad de la ciudad nazarí. Redactado con una sintaxis más propia de un estudiante nada aprovechado de la Escuela General Básica, lleno de anacolutos y de faltas de concordancia, el libro —al igual que el famoso reloj parado, que dos veces al día marca la hora exacta— citaba, sin embargo, en dos lugares retazos de artículos aparecidos en «Sur». Y aunque ningún motivo tenía para dudar de la veracidad de la información transmitida oralmente en el seno de mi familia, por vez primera tenía así la certeza documental de la existencia de la citada publicación periódica.

            Sin embargo, todo intento por entrar en contacto con el citado profesor fue inútil. Compaginaba y, según creo, sigue compaginando tan ilustre autor su función docente con otras dos: la de alcalde de un municipio granadino y la de gerifalte máximo de la asociación provincial de la memoria histórica. Pues bien: los correos que, solicitando información sobre dónde había localizado los ejemplares de «Sur», envié a su dirección universitaria, a la institucional y a la de la asociación jamás obtuvieron respuesta. Si es comprensible en un periodista que no revele sus fuentes al primero que se las pida, no me parece que lo sea en igual medida en un investigador profesional —para más inri político de un partido de izquierdas y abnegado paladín de la causa de la memoria histórica— ante la petición de un lego en la materia que en ningún caso podría ni querría pisarle un estudio.

            Por suerte otra experta, la profesora Mirta Núñez Díaz-Balart —a la que tuve el placer de conocer precisamente en esta misma sala—, autora del imprescindible estudio titulado La prensa de guerra en la zona republicana (Ediciones de la Torre, Madrid 1992), me confirmó no sólo la existencia de la publicación, por ella descrita en el tomo III, pp. 1268 y 1332-1334 de la obra citada, sino el posible destino de la colección por ella consultada, conservada en su día en el Servicio Histórico Militar de Madrid y, en la actualidad, según averiguaría en el curso de mi investigación, en el Archivo Militar de Ávila.

            Ahora bien: al cotejar los números citados por el primer autor con los que tuvo entre manos la profesora Núñez Díaz-Balart se comprobaba que nos encontrábamos ante dos colecciones distintas de «Sur». Puestos al habla con el servicio público «Pregunte, las bibliotecas responden», éste confirmaba la existencia, en efecto, de sólo dos colecciones —incompletas ambas y parcialmente solapadas— en archivos públicos: la citada del Archivo Militar de Ávila y la del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca.

            La primera de estas colecciones incluye los números 1 (del 2 de julio de 1938), 7 y 8 y 129-172 (este último correspondiente al 18 de enero de 1939), mientras que la segunda comprende, de 1938, los números del 90 al 157 (con 5 faltas) y, de 1939, los que van del 158 al 211 (este último correspondiente al 16 de marzo de 1939), con otras 18 faltas. Ello supone que, de unos 225 números que pudo abarcar la colección completa, hoy en día disponemos de algo menos de la mitad (106), con la esperanza de que algún día nuevos hallazgos en archivos públicos o privados o en el mercado de publicaciones periódicas de lance puedan ayudarnos a integrar los números que aún nos faltan.

            El peinado de los números localizados, llevado a cabo in situ por lo que respecta a los de Ávila y mediante fotocopia en los conservados en Salamanca, ha arrojado un total de 31 artículos y de 7 poesías de Luis Hernández Alfonso (sin contar los editoriales), todos ellos disponibles ya en la bitácora «Los Hernández», y de 7 artículos de Josep Alomà i Sanabras, contenidos precisamente en el volumen que hoy se presenta.

            Curiosamente, los artículos publicados por Josep Alomà en el diario de guerra del Ejército de Andalucía y encontrados hasta la fecha, aun siendo pocos en número, revisten gran importancia en el conjunto de la obra periodística de tan destacado dirigente anarcosindicalista, pues en ellos parecen estar presentes todos los temas y las inquietudes de los que trata con más extensión en las más amplias colecciones de «Solidaritat Obrera», «Llibertat» y «Diari de Tarragona»:

            – la lucha por la libertad en época y circunstancias tan decisivas (Ha llegado el momento, Entereza y serenidad);

            – la acción social, que en tiempo de guerra toma también forma de desvelo por el vestuario de los soldados ante los rigores invernales (Campaña de invierno);

            – su acendrado catalanismo (mediante el artículo en lengua catalana en que se anuncia la próxima apertura de la «Llar de Combatent Català» en Jaén), que supo siempre compatibilizar, como otras ilustres figuras del anarquismo catalán, con el ideal universalista propio de esa doctrina;

            – la acción cultural, basada principalmente en la enseñanza (con el artículo significativa y expresamente titulado La cultura y la guerra. La mejor de las conquistas, donde cita expresamente la experiencia catalana del CENU, en la que tanta parte tuvo).

             Permítanme concluir parafraseando las certeras palabras escritas por Heleno Saña en el prólogo de La idea, negre sobre blanc:  Recuperar y hacer públicos los textos de personas como Josep Alomà i Sanabras y Luis Hernández Alfonso y salvarlos del olvido «significa darles la oportunidad de volver a estar presentes en el debate siempre renovado entre el espíritu emancipativo y redencional y la sordidez de los pobres de espíritu que no conocen ni reconocen otros valores que el culto a Mammón y la voluntad de poder. Significa asimismo y ante todo un acto de gratitud por lo que fueron y lo que hicieron para sacar a España de la barbarie y convertirla en una nación justa y civilizada. El hecho de que no lograsen su noble propósito no merma lo más mínimo su gran epopeya humana y social».

Muchas gracias.

Pablo Herrero Hernández

 

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