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Es aún más indignante y vergonzoso ver esa pléyade de hombres jóvenes de aquí y de fuera de aquí que siempre a toda hora y en todo momento los veis pulcros, limpios y bien afeitados, estudiando los gestos y las palabras de tal manera que parecen maniquís recién salidos de un bazar de modas. Se reúnen a grupos, comentan los partidos de futbol, los deportes en general, y lo que la última moda ha dado para presumir de miliciano, para ir de correaje y pistola al cinto. Comentan, critican y discuten todo lo que hacen los demás… pero ellos siguen mano sobre mano y si les dices que aporten soluciones se ríen con esa risa irónica y estúpida propia de los imbéciles… o de los malvados”.

Josep Alomà

Extracte de l’article “Algo que subleva”

DT, 20 de novembre de 1936

 
 

Algo que subleva

Es el ver la indolencia, la indiferencia y la frivolidad de la mayor parte de la gente que parece que aún no se ha dado cuenta de que estamos viviendo la más feroz, la más cruel y la más inhumana de las guerras.

Es vergonzoso e indignante en alto grado el ver que aún hay quien se cree que no existen otros intereses a ventilar que los suyos particulares; los cuales siempre hacen primar por encima del interés general o colectivo. Subleva ver que aún hay quienes plantean conflictos por cuestiones de trabajo y de jornales como si aún existiese el amo que los humillaba; las necesidades de la guerra y de la nueva economía exigen el desplazamiento de los obreros de la ciudad al campo ya que en la ciudad sobran brazos y faltan para hacer las labores del campo.

Subleva ver a gente encubierta que sólo exigen lo que muchas veces saben no se puede acceder tan sólo con el propósito de crear conflictos al nuevo estado de cosas. ¡Cuidado con la 5ª columna!

Es aún más indignante y vergonzoso ver esa pléyade de hombres jóvenes de aquí y de fuera de aquí que siempre a toda hora y en todo momento los veis pulcros, limpios y bien afeitados, estudiando los gestos y las palabras de tal manera que parecen maniquís recién salidos de un bazar de modas. Se reúnen a grupos, comentan los partidos de futbol, los deportes en general, y lo que la última moda ha dado para presumir de miliciano, para ir de correaje y pistola al cinto. Comentan, critican y discuten todo lo que hacen los demás… pero ellos siguen mano sobre mano y si les dices que aporten soluciones se ríen con esa risa irónica y estúpida propia de los imbéciles… o de los malvados.

Subleva ver esa pléyade de hombres y mujeres jóvenes, que después de terminada la jornada de trabajo restan inactivos sin emplear sus fuerzas en ayudar al triunfo de la guerra.

Subleva también ver a los trabajadores emplear la mayor parte del tiempo en discusiones inútiles que a nada conducen… mientras, el trabajo queda por hacer.

Subleva ver muchos comités, comisiones y otros análogos que en vez de ayudar sólo sirven para complicar y entorpecer el trabajo que realizan los demás. Hay que acabar con muchas anomalías que ocurren y que todos sabemos y que parecemos ignorar por lo que sea.

Vivimos el momento más culminante que se ha conocido en la historia de los pueblos. La guerra que se desarrolla en nuestro país no tiene precedentes. España no es grande en territorio ni en habitantes, pero es grande por la importancia de los asuntos que en la lucha que soportamos con fe enorme por parte de los trabajadores se ventilan.

Los asesinos de niños y mujeres, el incendio de Museos, hospitales y otros edificios por el bombardeo de la aviación enemiga demuestra lo salvajes que son la canalla fascista y nadie que se precie de hombre puede restar inactivo contemplando como los demás no conocen el descanso ni la fatiga con tal de abatir a la bestia fascista.

Hay que acabar con este estado de cosas, con esta inercia que subleva el ánimo. Sería una cobardía por parte de todos, consentir que esto continúe; nos jugamos demasiado y no son momentos de ir con tibiezas, son momentos difíciles para todos y por lo tanto de poner las cartas boca arriba y llamar las cosas por su nombre. La guerra que ahora tenemos en casa amenaza con extenderse al exterior de nuestras fronteras y, por lo tanto, necesitamos de todos los esfuerzos desde el más insignificante al más importante, y no se pueden desperdiciar estos brazos que restan inactivos horas y más horas y será llegado el momento de ir pensando en la manera de que todos nos demos cuenta de que vivimos en guerra y que la guerra que vivimos no tiene entrañas.

Hay que despertar los ánimos dormidos y hacer vibrar los espíritus apocados y esto corresponde a todos los que por encima de todo amamos la libertad, el amor y la Justicia entre los hombres.

Josep Alomà

Tarragona 19 de Noviembre de 1936

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